The Heart That Edifies The Neighbor (Proverbs 17:9, 22)

| Sat, Jul 6, 2019 | Set 4 Week 27

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Whoever covers an offense seeks love, but he who repeats a matter separates close friends. 22A joyful heart is good medicine, but a crushed spirit dries up the bones. Proverbs 17:9, 22

One of the obstacles that prevents the power of the gospel from being seen when we minister is the separation we show in practice between God’s truth and God’s love. Too often we are not balanced enough. In our day, many are satisfied promoting an incomplete gospel that only emphasizes God’s grace and favor.

But I think that, at least in our environment, the problem seems to be something else. The Lord has allowed us to expose ourselves to the most wonderful truths of His word and we are willing to proclaim them. But, generally speaking, this is not entirely effective. We know that, along with the truth, God must work in the understanding and apply that truth to the life of the hearer.

But there is something else; the truth that edifies can only be served on the tray of love; “…This  “knowledge” puffs up, but love builds up (1 Corinthians 8:1). For the purpose of communicating truth is not to be right; it is not even a matter of simply doing justice. Our goal is to make known the love of the true God, and we do this by caring from the heart for those we intend to enlighten.

I want to illustrate it with a work, Les Misérables. Jean Valjean was finally liberated in 1815. He was sentenced to five years in prison for stealing bread to feed his family, but ended up spending nineteen years behind bars for trying to escape. All reject him as an ex-con, and only Bishop Myriel receives him to provide food and shelter. Jean Valjean, full of resentment, steals his benefactor’s silverware and flees. When he was arrested by the police something extraordinary happened; Bishop Myriel told the authorities that he had given the silverware to Jean Valjean, and that he had forgotten to give him two silver candelabras. This act of mercy had such an effect on that bitter heart that it transformed him into one willing to give himself for others.

Our text tells us that sometimes it is not a question of pointing out every fault in our neighbor, especially if those faults are offenses to ourselves. Rather, we will cultivate a relationship that allows us to look deep into the heart and put effective medicine there. The follower of Jesus will not give importance to the wounds inflicted by the heart he intends to heal.

Oh, if God would point out every fault in my heart! I could not resist. He only points out to me that which He is willing to correct, making sure to unfold His love to me. Above all, keep loving one another earnestly, since love covers a multitude of sins (1 Peter 4:8). Yes, there are situations in which the most loving action is to confront sin in order to give one’s neighbor the opportunity to repent and ask for forgiveness.

This is why we have to evaluate the motivation of our reaction, do we seek the glory of God? And we must realize that the action we undertake has to be evaluated, as far as possible, as a true act of love. If not, it is better to overlook the offense and stay close to a heart that we can continue to do well. After all, our mission is to show a God who patiently endured the sin of mankind to, in His time, send His Son to die to destroy the work of the Evil One.
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Questions for reflection:

  1. Do you love who hurts you?
  2. How much are you willing to suffer to do good to a soul?

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Hector Santana has served as pastor at Iglesia Bautista Nuevo Pacto (New Covenant Baptist Church) since 2002 in his native Dominican Republic. He was born in a Christian home but his greatest influence was his maternal grandmother. When he just a young boy, his grandmother took him with her to share the Word of God to very poor children. Hector received Christ as his Lord and Savior at the age of 17 at a youth camp. He has been married to Patricia since 1991 and they have three children: Jorge Daniel, Pamela Elisa and Hector Isaac.

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El Corazón que Edifica al Prójimo

El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos. 22El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos. Proverbios 17:9, 22

Uno de los obstáculos que impide que el poder del evangelio sea visto cuando ministramos es la separación que mostramos en la práctica entre la verdad de Dios y el amor de Dios. Muy a menudo no somos suficientementes balanceados. En nuestros días, muchos se sienten satisfechos promoviendo un evangelio incompleto que sólo destaca la gracia y el favor de Dios.

Pero pienso que, por lo menos en nuestro entorno, el problema parece ser otro. El Señor nos ha permitido exponernos a las verdades más maravillosas de Su palabra y estamos dispuestos a proclamarlas. Pero, por lo general, esto no es del todo efectivo. Nosotros sabemos que, junto con la verdad, Dios debe obrar en el entendimiento y aplicar dicha verdad la vida del que la escucha.

Pero hay algo más; la verdad que edifica sólo puede servirse en la bandeja del amor; “…el conocimiento envanece, pero el amor edifica (1 Corintios 8:1). Ya que el propósito de comunicar la verdad no es tener la razón; ni siquiera es un tema de hacer justicia simplemente. Nuestro objetivo es dar a conocer el amor del Dios verdadero, y esto lo hacemos preocupándonos de corazón por aquellos a quienes pretendemos iluminar.

Lo quiero ilustrar con una obra, Los Miserables. Jean Valjean es finalmente liberado en 1815. Fue sentenciado a cinco años de prisión por robar pan para alimentar a su familia, pero terminó pasando diecinueve años tras las rejas por intentar fugarse. Todos lo rechazan por ser un exconvicto, y sólo el obispo Myriel le recibe para brindarle alimento y refugio. Jean Valjean, lleno de resentimiento, roba la vajilla de plata de su benefactor y emprende la huida. Cuando fue detenido por la policía sucedió algo extraordinario; El obispo Myriel dijo a las autoridades que le había regalado la vajilla de plata a Jean Valjean, y que había olvidado darle además dos candelabros de plata. Este acto de misericordia tuvo tal efecto en aquel amargado corazón, que le transformó en uno dispuesto a entregarse por otros.

Nuestro texto nos refiere que en ocasiones no se trata de señalar cada falta en nuestro prójimo, sobre todo si esas faltas son ofensas a nosotros mismos. Sino que cultivaremos una relación tal que nos permita mirar en lo más profundo del corazón y poner allí la medicina eficaz. El seguidor de Jesús no dará importancia a las heridas que le infrinja el corazón que pretende curar.

¡Oh, si Dios me señalara cada falta de mi corazón! No pudiera resistir. Sólo me señala aquello que está dispuesto a corregir, asegurándose de desplegarme Su amor. “Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados (1 Pedro 4:8). Sí, hay situaciones en las que la acción más amorosa es hacer frente al pecado para dar oportunidad al prójimo de arrepentirse y pedir perdón.

Es por esto que hemos de evaluar la motivación de nuestra reacción, ¿buscamos la gloria de Dios?; y debemos percatarnos que la acción que emprendamos ha de ser evaluada, dentro de lo posible, como un verdadero acto de amor. De no ser así, es mejor pasar por alto la ofensa y mantenernos cerca de un corazón al que podremos seguir haciendo bien. Después de todo nuestra misión es mostrar a un Dios que soportó con paciencia el pecado de la humanidad para, a Su tiempo, enviar a Su Hijo a morir para destruir la obra del maligno.

Preguntas

  1. ¿Amas a quien te hace daño?
  2. ¿Cuánto estás dispuesto a padecer para hacerle bien a un alma?

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Héctor Santana ha servido como pastor de la Iglesia Bautista Nuevo Pacto desde 2002 en su país natal, República Dominicana. Él nació en un hogar cristiano, pero su más grande influencia fue su abuela materna. Cuando era pequeño, su abuela lo llevaba con ella a compartir la Palabra de Dios a niños muy pobres los domingos por la tarde. Héctor recibió a Cristo como su Señor y Salvador a la edad de 17 años en un campamento juvenil. Héctor ha estado casado con su esposa Patricia desde 1991, y tienen tres hijos: Jorge Daniel, Pamela Elisa y Héctor Isaac.

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